Mi modo de acompañarte

La primera pregunta que le hago a quien llega es siempre la misma: ¿en qué creés que te puedo ayudar?

No es una formalidad. Es un diagnóstico. La respuesta me dice de inmediato cuánta distancia hay entre lo que la persona cree que necesita y lo que realmente está ocurriendo. Casi siempre, esa distancia es el verdadero punto de partida.

Quien llega a mí casi siempre trae la mirada puesta afuera. El producto es bueno pero no se vende. Los compañeros no pasan la pelota. El empleado no cumple. El jefe no respeta. El palo no funciona. Y todo eso puede ser cierto — pero mientras la mirada siga afuera, el margen de acción es casi nulo.

Lo que busco en cada proceso es ayudar a la persona a correrse de ese lugar y preguntarse qué depende de ella. No para negarle la realidad externa — sino porque ahí, y solo ahí, es donde está su verdadero poder de acción.

Ese movimiento no ocurre de golpe. Se construye despacio, desmenuzando la margarita, en el tiempo que lleve. Hasta que la persona llega por su propio camino a ver lo que todavía no podía ver.

Eso no es convencer. Es acompañar desde el sentido de lo que cada uno quiere conquistar. Porque sin sentido, la técnica es ruido, el conocimiento una roca que pesa toneladas sin poder moverse, la percepción de la realidad demasiado subjetiva y el caos, la frustración y el displacer es casi lo único que puede suceder.

En cambio con sentido, con protagonismo de tomar acción sobre lo que depende de vos al 100%, hasta los límites reales se vuelven más manejables.

Adrián Mamianetti