Formar, Educar, Enseñar, Aprender: no son lo mismo — el lenguaje como bisturí en el acompañamiento humano (entrada 1)

Me desafía tener el rol de profesor,… o de acompañante, ….o de Coach. Me desafía pues es inherente al oficio que realizo, identificar donde situarme para acompañar lo mas eficientemente posible, a la persona que esta junto a mi buscando superarse, haciéndolo todo por destrabar su propia situación. Acompañar al individuo o equipo a que logre adquirir las herramientas que necesita, los conocimientos que precisa, las capacidades que su vida y contexto le demandan. Resumiendo, que construya su propio Ser con suficiencia e identidad. En estos días me propuse a indagar en el lenguaje significados de palabras que le den más identidad y eficacia a mi rol.

Considero de suma utilidad compartirlo con vos que tenés el mismo rol que yo, o a vos que estás en el rol de quererte superar, en lo que desees, o en la tarea de poder identificarte ante ti mismo.

Tres roles que pueden convivir en una misma persona y que sin embargo no son lo mismo. El profesor forma, educa y enseña — desde lo que sabe. El acompañante conversa, aporta miradas y reflexiones — desde su experiencia, y muchas veces desde su inexperiencia o su distancia al conflicto, que le permite ver lo que quien está adentro no puede ver. El coach pregunta, respeta silencios, está ahí con sus capacidades — indaga, cuestiona y por sobre todo no juzga. Saber cuándo ser cada uno, y reconocer los propios límites en cada rol, es parte del arte.

Las palabras enseñar, educar, formar, aprender, conocimiento, contexto, concepto, y otras se entremezclan, muchas se usan como sinónimo, otras se omiten, otras se confunden o confunden tanto al que acompaña como a aquel que quiere desarrollarse. Este escrito intentará, desde el diccionario de la Real Academia Española — versión en internet — traer algo de claridad. Estoy convencido que somos, entre otras cosas, lenguaje, interpretación, emociones y cuerpo. Y en este texto me centraré en el lenguaje. Interpretando el significado de las palabras. Evitar usar como sinónimos palabras que se parecen, pero que examinándolas pueden usarse de modo independiente, y así aportar más claridad tanto para el que acompaña como para aquel que tiene el noble anhelo de desarrollarse, de superarse.

Empecemos.

Hagámoslo por el sujeto que va a desarrollarse. En este sentido podemos encontrarnos con dos escenarios posibles, los cuales combinados nos darán el perfil cognitivo y de capacidades iniciales de quien se prepara para aprender.

Desconocimiento total

Conocimientos previos

Capacidad natural

Falta de capacidad natural

Y hago una pausa. Usted quizá se pregunta: ¿y la edad?, ¿no la tomás en cuenta? Tomar la edad en cuenta me lleva a prejuzgar la realidad de esa mente, de ese cuerpo que quiere desarrollarse. Los recursos de acompañamiento me los da el perfil. En el golf por ejemplo, se acercan personas de 50 años con desconocimiento total y capacidad razonable en manejar el palo y la pelota, o sin capacidad de manejo. El desconocimiento total del juego deberá aprenderlo desde cero, con la misma apertura y humildad que tiene un niño que empieza. La edad puede definir el recurso a utilizar, pero nunca aquello que la persona que quiere desarrollarse necesita aprender, a demanda de la disciplina que desea abordar.

A partir de aquello, la persona deberá atravesar tres instancias, quizá simultáneas, quizá separadas. A saber, la persona deberá ser:

Formada

Educada

Enseñada

Y en proceso simultáneo, la persona deberá:

Aprender

Veamos entonces qué nos trae el diccionario etimológico castellano y el diccionario de definiciones de la Real Academia Española. Abordarlo de esta manera evita los tecnicismos, los cuales cuando aparezcan serán debidamente desarrollados.


Formar

La palabra formar proviene del verbo latino formare, que a su vez se deriva del sustantivo forma (figura, imagen o molde). Su significado etimológico es literalmente «dar forma» o «modelar».

Este origen ha dado lugar a una gran familia de palabras en español: Formación: del latín formatio (la acción y efecto de dar forma). Formato: del italiano formato, derivado también de la raíz latina. Deformar / Transformar: añadir prefijos (de- o trans-) para modificar o cambiar radicalmente la figura original.

Diccionario de la Real Academia Española:

  1. Dar forma a algo.
  2. Hacer que algo empiece a existir.
  3. Preparar intelectual, moral o profesionalmente a una persona o a un grupo de personas.
  4. Dicho de una persona: adquirir preparación intelectual, moral o profesional.

Mi mirada, mi accionar

Desde mi rol, formar empieza antes de cualquier técnica, incluso antes que cualquier método que yo tenga a mano. Cuando alguien llega queriendo «ver la pelota volar y sentirse relajado», no le corrijo el swing — le pregunto qué quiere hacer jugando al golf y qué quiere sentir. Casi siempre descubro que sus objetivos son legítimos pero prematuros: no sabe que primero necesita entender el juego, el palo, la pelota y las reglas de conducta. Eso es formación. Sin ese suelo, la técnica no tiene dónde apoyarse. El buen swing y la buena estrategia no son el punto de partida — son emergentes de lo intelectual y lo moral. Son el resultado de haber sido bien formado.

Lo mismo aplica a cualquier disciplina que se quiera aprender — el deporte, el emprendimiento, la vida misma.


Educar

Del latín educāre. La palabra educar proviene del latín y su etimología se divide en dos verbos principales, ambos basados en la raíz ducere (guiar o conducir):

Exducere (o Educere): Significa «sacar afuera», «extraer» o «guiar desde adentro hacia afuera». Indica el desarrollo del potencial y las habilidades internas que ya posee cada persona.

Educare: Significa «criar», «alimentar», «nutrir» o «guiar». Se refiere a la acción externa de formar, orientar o proveer conocimientos desde fuera hacia dentro.

Esta doble raíz indica que la educación es un proceso integral: busca extraer el potencial innato de cada individuo mientras le aporta conocimientos y herramientas desde su entorno.

Diccionario de la Real Academia Española:

  1. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.
  2. Perfeccionar o afinar los sentidos.
  3. Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.

Mi mirada, mi accionar

Si me quedo en la primera acepción de la RAE, no podría educar a un adulto. Es por eso que el criterio no lo extraigo de la edad — lo extraigo de la actividad a desarrollar y del perfil de quien quiere desarrollarse.

Educar es el trabajo más delicado que existe. Porque exige ver lo que ya está en la persona antes de intentar poner algo desde afuera.

He trabajado con jugadores que llegaron habiendo pasado por sistemas que, con buenas intenciones, les enseñaron a desconfiar de lo que su cuerpo y su intuición ya sabían hacer. Al observarlos antes de hablar con ellos, encontraba concentración, lenguaje corporal calmo, capacidad de volver al intento después del error. Ahí estaba todo. Sus recursos naturales eran reales — los usaban intuitivamente sin saberlo.

Lo que faltaba no era técnica. Era sentido. Entender el juego, aceptarlo como es, conocer el palo conscientemente. Eso lo formé. Lo otro — la capacidad de concentración, la resiliencia ante el error, el vínculo natural con el palo — lo eduqué: los ayudé a reconocerlo, nombrarlo y confiar en ello.

Y ocurre también con quien no logra percibir el palo en el aire ni impactar la pelota con regularidad. Cuando la mente empieza a tener pensamientos y creencias claras y útiles, se abre un universo de posibilidades. En esos casos educo al ser para enseñarle el camino al jugador — primero se enseña, y desde ahí se descubre el potencial para poder educarlo. Lo mismo con los emprendedores: educarlos en lo que ya tienen y enseñarles miradas y caminos para aquello en lo que necesitan crecer.

Lo mismo aplica a cualquier disciplina — el emprendimiento, el deporte, la vida misma. Antes de enseñar, preguntate qué ya tiene esa persona. Casi siempre, más de lo que cree.


Enseñar

Del latín vulgar insignāre, señalar. La palabra enseñar proviene del verbo latino insignare, formado por la combinación del prefijo in- (en) y signare (señalar, indicar o marcar). A su vez, signare deriva de signum, que significa «seña» o «marca».

Etimológicamente, enseñar significa «poner una señal» o «señalar hacia dónde mirar», con el propósito de brindar una guía y mostrar el camino a seguir.

Diccionario de la Real Academia Española:

  1. Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.
  2. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.
  3. Indicar, dar señas de algo.
  4. Mostrar o exponer algo para que sea visto y apreciado.
  5. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.

Mi mirada, mi accionar

Enseñar es señalar — no imponer. Y para saber que la señal llegó, busco una representación mental en la persona: que pueda dibujarlo, que pueda verlo. Ese borrador interno, esa imagen general todavía imprecisa, me indica que algo se instaló. Que hay un punto de partida desde donde seguir construyendo.

En el swing busco exactamente eso. No que el movimiento sea perfecto — que exista una imagen del movimiento. En personas con afantasia, ese mismo proceso lo hago desde lo kinestésico y sensitivo, construyendo autopercepción asociada al palo.

En el juego creo escenarios y observo cómo reaccionan — en especial desde lo discursivo, desde cómo planifican y verbalizan la jugada. En otros ámbitos invento contextos y chequeo que el mensaje que me devuelven empiece a alinearse con la realidad de lo que desean conquistar.

Ni mi mirada, ni la de la persona. La realidad de la actividad a desarrollar. Eso es lo que se enseña — y esa es la señal que busco.

Lo mismo aplica a cualquier disciplina. Antes de avanzar, verificá que la persona vio lo que señalaste. Casi siempre, cuando lo vio, ya sabe cómo moverse.


Aprender

Del latín apprehendere: tomar, asir, apoderarse de algo. Formado por el prefijo ad- (hacia) y prehendere (agarrar, tomar). Etimológicamente significa «tomar para sí», «apoderarse de algo» — no recibir pasivamente sino apropiarse activamente.

Este origen comparte raíz con palabras como aprehender (capturar, comprender) y comprender (abarcar, contener).

Diccionario de la Real Academia Española:

  1. Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.
  2. Concebir algo por meras apariencias o con poco fundamento.
  3. Recordar, retener en la memoria.

Mi mirada, mi accionar

Sé que alguien aprendió cuando el pensar y el hacer adquieren coherencia y autodeterminación. Cuando la persona puede sorprenderse a sí misma — y a veces a otros — con lo que va logrando pensar, imaginar, sentir y hacer.

No es un momento único ni definitivo. Es una señal que aparece, desaparece y vuelve con más fuerza. Cada vez que ocurre, algo se consolidó. Algo fue verdaderamente tomado — no recibido, no memorizado. Aprehendido.

Eso es lo que busco en cada proceso. No que la persona repita lo que le enseñé. Que lo haga suyo.

Lo mismo aplica a cualquier disciplina — el deporte, el emprendimiento, la vida misma. Cuando lo que sabés y lo que hacés empiezan a hablarse, aprendiste.

Para cerrar — el contexto como suelo de todo

Para que esto funcione deberá establecerse el contexto de aquello que se pretende aprender. En él habitan nada más y nada menos que el sentido, el propósito, la finalidad y las características de aquello en lo que la persona quiere desarrollarse.

Desde mi punto de vista, todas las disciplinas ya existentes tienen su propia morfología. Crecer desde ellas evitará lo que se llama disonancia cognitiva, o al menos la reducirá a su menor expresión.

Desde este abordaje, y ante escenarios positivos o negativos, será de suma importancia que la persona se pregunte: ¿qué me pasa a mí con esto que pasa fuera de mí? ¿Qué me está queriendo decir? ¿Qué me está pidiendo esto que está fuera de mí? Para poder tener más chances de lograr el objetivo.

Como profesor, acompañante o Coach, alinear el lenguaje con la realidad subjetiva y objetiva es una tarea relevante a la hora de acompañar el desafiante camino de la superación.

Adrian Mamianetti


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